ACEPTANDO MI ADICCIÓN

Subculturas: La Ola Coreana

Por: Noelia Cárdenas Ortiz

k.png

The 100-day ALL EYES ON KOREA festival” – Londres

Definir qué características son atrayentes de un género musical en general es complicado, quizás el ritmo, la letra o la melodía que brinda la pieza, son los anzuelos. Pero debo confesar que ninguno de los anteriores fue el detonante que hizo de mi lista de reproducción un cincuenta por ciento coreana.

El ritmo era muy diferente y obligaba a asentir la cabeza con cada golpe que emitía la caja de sonido, pero lo que captó mí dispersa atención fue el cabello rojo intenso de uno de los integrantes del grupo y notar sus ojos delineados, haciéndolos lucir mucho más grandes. La mejor manera de imaginarlo es como un personaje de animé.

Eso fue todo. A mi secreta fascinación con los dibujos de animé se sumó la intrincada coreografía y la producción hollywoodense. Haciendo que pasara horas descubriendo más videos musicales. Ya no era únicamente el aspecto estético de los artistas, sino el compás de las canciones e incluso la letra.

Al investigar, no fue sorpresa que Japón, Singapur, Vietnam y China, estuviesen altamente influenciados por este movimiento. Logrando numerosos tours mundiales e incluso una película de producción china-coreana que reunió más de un millón de dólares en taquilla la primera semana de proyección en China, éxito combatido con la actual prohibición de ingreso de diversos productos culturales coreanos.

Algunos teóricos que tienen una posición antiglobalización aseguran que este fenómeno sólo es una herramienta para que el contenido y las producciones norteamericanas se impusiesen al, aparentemente muy manipulable, resto del mundo. En este caso, la Ola Coreana o hallyu se encargó de refutar lo anterior y demostrar que tendencias nacidas en Seúl, capital de Corea del Sur a más de diecisiete mil kilómetros de distancia de nuestro continente, tienen la misma fuerza e impacten en tantas esferas determinantes de la vida y personalidad de los jóvenes.

kpop0620k-pop
Venta de productos de K-pop en Japón

Me llevé un verdadero shock al notar la cantidad de entradas y búsquedas en español sobre esta invasión, ya llevaba bastantes años en proceso. Desde grupos que hacen covers de los bailes, imitando la manera de vestir, actuar y desenvolverse en el escenario del idol que representan, hasta grupos dedicados a una banda en particular con reuniones semanales, inscripciones en institutos para aprender coreano, búsquedas de restaurantes que ofrezcan comida típica de este país, compra de cosméticos y un afán en imitar la manera de vestirse y estilizar su cabello. La honda hallyu, que existió desde inicios de la década de los noventa, empoderada por las redes sociales se proyectó con fuerza en el cine y en las estaciones de radio desde el año 2010.

Tal como predijo un artículo “…caí a través del agujero sin posibilidad de retorno, el hallyu me había ahogado”.

Si me hubiese dicho a mí misma, hace un año que en el futuro me hallaría tratando de comer sopa de pollo armada con una cuchara y palillos chinos o fallando miserablemente en el primer intento de cocinar kimchi –comida picante típica de Corea, viendo episodio tras episodio de doramas, que me exigían instalarme frente a la laptop más de cuatro horas diarias o esperar que los cines nacionales fuesen tan gentiles para proyectar Train to Busan, me hubiese dado una charla sobre si no había aprendido de mis adicciones pasadas que unirse a otra comunidad de fanáticos significaba 1) tiempo y 2) sepultar mí ya escasa vida social.

A estos dos puntos se debe sumar la inversión fruto de esta adicción, en promedio de 30 dólares por CD importado desde Corea. Y en el afán de hallar alguien que pueda realizar esta tarea, me topé cara a cara con el movimiento coreano que aún con su creciente popularidad, continúa siendo una subcultura que se desliza de incógnito en la cotidianidad.

Acerca de las confiables dealers

whatsapp-image-2016-12-09-at-20-00-55

Muy bien camufladas en la ciudad, dentro de edificios de aspecto corriente operan las tiendas especializadas en la venta de
productos coreanos. Basta con poner un pie dentro y se auto-transporta a un espacio ajeno a los bocinazos de la calle y los gritos de los comerciantes que anuncian las frutas de temporada. Me atrevo a decir que dentro de la tienda se configura un territorio a salvo, donde los demás adeptos hallan un lugar donde encajar. Sin miradas extrañadas ante los gritos, el coreo de canciones y los vitoreos.

Entre muchachas que cargaban mochilas con cientos de llaveros con fotos de sus ídolos y otro tanto que miraba en la pant
alla un reality show, los sábados por la tarde es un horario de alto tráfico, pues es cuando los nuevos productos son puestos a la venta.

“Las primeras tiendas en arriesgarse a traer productos coreanos iniciaron este lucrativo negocio alrededor del 2007 con los doramas”, mencionó Adrián durante la entrevista que le realicé en la búsqueda de un veterano especializado en la cultura asiática. “El género llegó con la aparición de los doramas, y ya con la organización de los primeros fan clubs empezaron a hacer importaciones de accesorios originales, discos originales y artículos. Yo creo que ahí se empezó a lograr todo esto”.

Existen en la ciudad más de cinco tiendas especializadas en traer artículos asiáticos, las vendedoras son una suerte de pequeñas expertas que saben sobre el último drama y sus actores, importan mercancía original y pueden recomendar que tipo de crema de arroz es la indicada para lograr un cutis de porcelana. Son las principales impulsoras al organizar eventos que convocan a cientos de asistentes y las mayores proveedoras de ramen y sochu.

Hail a nuestras conocedoras, hail a nuestras salvadoras que subtitulan al español los programas.

Logias en el centro comercial

Ubicado en pleno centro de movimiento citadino al lado del viejo Cine Astor, un edificio repleto de escaparates de ropa americana en el primer piso simula ser otro de esos intentos de ‘pequeño centro comercial’; sin embargo, el segundo y tercer piso son espacios de reunión declarados para todos los grupos de covers de k-pop que no tienen un lugar propio donde ensayar o buscan mayor privacidad para hacerlo que en medio de una plazuela (vale mencionar como ejemplos a la plazuela Bush, del Estudiante, de la Torre entre otras).

Durante las tardes de lunes a sábado, el estudio es reservado por el módico precio de quince bolivianos, disponiendo durante una hora del espacio para ensayar. El cuarto tiene dos paredes recubiertas de espejos y las dos restantes de posters de grupos o pancartas hechas a mano, un parlante con conexión USB se sitúa en la esquina detrás del rústico ventilador que funciona la cantidad de horas que la sala de práctica esté ocupada.

Una tela negra con afiches de futuros eventos de fans cubría la vista hacia dentro de la tienda/salón de práctica pero la música retumbaba y el suelo vibraba con cada salto que exigía la coreografía. Detrás de un escritorio en el local anexo, estaba un chico en sus veintes. Al verlo supe de inmediato que había encontrado la tienda –que pasaría totalmente desapercibida en medio de las oficinas de abogados y arquitectos–.  Su cabello estaba teñido de un tono amarillo plomizo y usaba lentes de grueso marco negro, definitivamente era el informante que necesitaba. Pronto se le unió una joven que me permitió entrar a ver estas prácticas secretas. Son semanas las que los grupos practican las rutinas para lograr imitar la coreografía de manera fidedigna acompañándola del vestuario respectivo, e incluso las expresiones faciales.

Las reuniones de superación

Encontrar más personas que comparten el mismo placer con la cultura coreana es enterarse que durante todo ese tiempo no eras el único que se empeñaba por descifrar el hangul o estaba dispuesto a invertir dinero en la compra de mercancía. Es hallar el grupo que te acompañará durante el paulatino hundimiento.

“Las ciudades más organizadas son en primer lugar, La Paz; en segundo lugar Cochabamba y, en tercer lugar, Santa Cruz”, me aclaró Adrián, quien fue invitado a varios eventos organizados por los clubs de fans al ser el único Dj especializado en k-pop a nivel nacional. Clubs que fluctúan entre los 80 miembros hasta los 300, formándose una cofradía unida por el leal amor hacia los artistas que eligieron apoyar a toda costa.

El mismo cónsul de Corea estimula y apoya a que se conformen estos grupos y participen en actividades tales como la semana cultural de Corea, que se realiza anualmente en la ciudad de La Paz desde hace seis años. Entre las actividades están la exposición de fotografías y de los trajes típicos de este país, la proyección gratuita de películas en la cinemateca concluyendo con un concurso de covers de k-pop. El diplomático afirma que este tipo de encuentros representan un intercambio cultural entre bolivianos y coreanos. Bolivianos que se sumergen en esta cultura y que posteriormente (si son el mejor grupo de danza) puedan pisar territorio coreano y concursar contra los mejores a nivel global.

13715997_603720186455061_5709724536670013632_n
Afiche publicitario del festival Mundial de k-pop

“Tecnología cultural” es el termino con que el gobierno coreano se refiere a la industria avocada al desarrollo de tecnología que mejore la calidad de la producción cinematográfica y de animé del país. Definitivamente Corea sabe cómo estimular a que el hallyu continúe con su auge, ya que igualmente cedió los derechos de los dramas a diferentes países para que pudiesen transmitirlos en canales locales o que las productoras no realicen rastreos demasiado intensivos en YouTube para denunciar cuentas que utilicen k-pop -como los famosos reactors-, porque lo ven como una forma de promoción gratuita.

Mi nombre es… y acepto plena responsabilidad de haber caído en adicción

Allá por el año 2013 La Razón entrevistó a Francisco Gamboa, sociólogo que aseguró que el boom coreano era una moda que tenía un patrón que simulaba el éxito que el tango o heavy metal habían adquirido en nuestro continente en décadas pasadas; es decir, lo consideraba una moda pasajera que se desvanecería cuando algo más excéntrico entrase a la cultura popular.

Han pasado tres años desde que ese artículo se publicó y el movimiento coreano ganó más adeptos. Desde mi punto de vista veo complicado que esta Ola coreana se apacigüe: si, perderá viejos fans pero ganará nuevos, tal y como los alrededor de 15 grupos que debutan anualmente pueden o no tener éxito o los 30 y tantos dramas que se estrenan puedan ser hitos en rating como Sonata de Invierno.

La “k-culture” ha llegado para quedarse, y tanto como me estimuló a amar su comida y los valores tradicionales de sus habitantes, hizo que buscará la historia de las dinastías reales, que este al tanto de su política y las crisis actuales. Hizo que pueda identificarme con un país a un océano de distancia y que añore, algún día, recorrer la orilla del Río Han antes de internarme en ensordecedora Seúl.

Reviviendo a la damisela en apuros y al poco tolerable caballero

Hay un acuerdo silencioso sobre la manera en la que el hallyu empezó su expansión. Tanto fans como expertos señalan que el inicio de la dominación coreana fue gracias al impulso de los doramas, empezando en China la popularidad de estos dramas televisivos se propago por Asia, Europa, Estados Unidos, llegando a Bolivia con la transmisión de Sonata de Invierno en la televisión nacional. Pero fue Boys Over Flowers, transmitida el 2010, la que cautivó a los adolescentes al tratar sobre la secundaria y la mala/buena fortuna –dependiendo si se prefiere concentrarse en la odiosa personalidad del personaje o en su esfuerzo de cambiar por su amada–  de enamorarse de un heredero multimillonario.

Estas novelas de 24 capítulos como máximo son el epítome de intensidad (rayando en la tragedia griega) y de adicción. Antes de que el Binge-watching fuera una actividad reconocida los “doramaniacos” ya se pasaban días enteros viendo el capítulo siguiente, porque es imposible continuar viviendo sin saber cómo se resolvería  el problema que surgió en los últimos dos minutos antes del final del episodio.

Muchos de los doramas juegan con la idea de la hermosa (en ocasiones bastante pobre) y desprotegida protagonista, misma que es rescatada por el rico heredero o héroe que ve esta acción como un deber. Luego sucede lo que podemos llamar un rescate mutuo donde ella le enseña valiosas lecciones que fluctúan entre la humildad hasta el cliché del amor incondicional. Sin embargo, fuera del contexto en que se sitúan hay dos conceptos que hicieron de estas producciones tan exitosas: la sutileza y un desenlace “realista”.

“En las novelas mexicanas cuando declaran su amor se expresan muy físicamente en cambio los coreanos son más conservadores, lo demuestran con detalles o al agarrarse de la mano con mucha emoción porque es algo diferente”. Fue uno de los comentarios del amigo responsable de haber plantado en mí la fascinación por los doramas, y yo concuerdo plenamente con él.

En una actualidad plagada de hiper-información y saturación de imágenes explicitas, el guardar cierta distancia da una sensación de que el televidente está respetando la intimidad de los personajes construyéndose la anticipación por aquel primer beso. Esto no garantiza que el final de la historia será con un ‘felices para siempre’ porque en la realización importa más una historia creíble, que dejar a la audiencia con un sabor empalagoso de ridícula perfección. Los personajes que se presentan son defectuosos y en su mayoría viven con traumas pasados pero ¿que acaso no todos nosotros, seres hechos de errores, no nos parece maravilloso que en el mundo de la ficción personajes similares tengan una historia que merezca la pena contarse?

Después de todo, quizás podamos reflejarnos en ese poco tolerable caballero.

Si oppa quiere, oppa lo tendrá

Comprar material en físico o desear hacerlo es uno de los puntos característicos del hallyu, las compras virtuales y almacenar música digitálmente es evitado (si es posible) porque la “fidelidad” que los fanáticos sienten hacia los grupos a los que consagraron sus billeteras es altísima. Si por una razón están dispuestos a esperar los 45 días que demora el trayecto en barco con su pedido es porque están seguros que están contribuyendo (mínimamente) a que sus idols logren cumplir sus propósitos y, ¿por qué no?, sean ‘felices’.

Es ridícula la cantidad de dinero que las ‘fans internacionales‘ envían a Corea para que fanáticas de esta región compren regalos para los idols. Entre ropa de diseñador, Rolex, joyas de Tiffany’s hasta planear exposiciones en galerías de arte con sus fotografías, comprar un bosque a su nombre o alquilar buses durante el mes entero de su cumpleaños con gigantografías de sus rostros y la fecha de su nacimiento a manera de celebración.

Una fanática ahorra y se pasa noches enteras votando en premiaciones online con tal de ver a su oppa –expresión coreana para referirse al hermano mayor o interés amoroso- sonreír y realizar sus sueños. Finalmente, ellas también se sienten dichosas al presenciarlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s